Muchos
amigos de “Insolación” han recibido hace unos días la siguiente carta de
nuestro director-gerente, aunque a todas ellas faltaba la foto del Arca, por lo
que no nos ha sido posible publicarla:
Hello, my flowers.
Como sabéis, tras el éxito –esperado– del
Almanaque Insolación, he decidido lanzar una nueva publicación insolada que va
a llamarse “Inlunación”, por lo cual no se trata de una publicación insolada,
pero quizás tampoco de una publicación antiinsolada.
Dado el estado apocalíptico del mundo
(causado por el caso omiso que se ha hecho de mis consejos insolados a lo largo
de casi cuatro décadas), creo que una inlunación es ya lo que más le conviene.
La luna va a aproximarse tanto de la tierra que las mareas subirán hasta
invadirla por completo. Yo ya he fabricado el Arca de Bertholoff, que los
amigos pueden visitar cuando lo deseen en un cobertizo de mi isla de Tongatapu;
en documento que me están elaborando doy la lista de todos los seres vivos que
voy a salvar, y confío contar con vuestra comparecencia. Por lo pronto les
adjunto una fotografía de mi Arca. Apreciaréis que está llena de cañones, pues
se trata de liquidar todo tipo de objetos flotantes y aéreos que puedan venir a
estorbar mis sueños del mundo insolado, y es que el planeta se ha complicado
mucho desde los tiempos de aquel bueno de Noé.
Poco importa que esos dos desalmados de
Armando Azar y Juan Llampallas, que se han vuelto engreídos con la edad,
desdeñen este proyecto por ser mío. Yo busco sangre nueva, lo mejor de lo que
me ha sido dado conocer en estos años insulares. Esperando vuestra adhesión y
vuestra visita os saluda el amigo Bertholoff, quien a fin de cuentas resulta
ser a la vez el hombre más veterano del mundo y el más actualizado, en posición
de vanguardia inimaginable.
Isla de Tongatapu, otoño de 2017.
Esta carta
y la existencia de ciertos rumores han provocado la reacción tanto de de Juan
Llampallas como de Armando Azar:
Queridos amigos Armando Azar y Alfredo
Azofra,
Me ha llegado la turbia noticia de que el
tal Bertholoff, embriagado por el éxito del “Almanaque Insolación” y de su
flamante Gran Hotel, ha pagado a un montón de artistas y escritores del planeta
entero para que compongan una revista titulada “Inlunación”. Este canalla
espera así, por una parte, dejarnos a nosotros de lado, ya que nos acusa de
habernos dormido en los laureles, y por otra, aprovecharse de la gran
popularidad del almanaque para embolsarse con tan tosca operación unos
dividendos que le permitan prolongar su dolce y lujosa vita en la
isla de Tongatapu. Y yo les digo a ustedes que algo hemos de hacer al respecto,
aunque sea en recuerdo de nuestros viejos tiempos heroicos, cuando tanto nos
hacíamos respetar.
Como está descartada toda idea de colaborar
en la “Inlunación” bertholófica, mi propuesta es que nos adelantemos a su
proyecto y veamos con qué fuerzas podríamos nosotros contar para una
“Inlunación” propia, que fácilmente lograría neutralizar la suya. No debe
coartar nuestro orgullo que vayamos a robarle el título, ya que él mismo afirma
que fue idea de uno de nosotros (ya no recuerda quién) lanzar una publicación
que se llamaría así, paralela a “Insolación”, una tarde de hace 30 años en que
celebrábamos ya no sabe qué fiesta de aniversario. Todo esto lo he sabido por
una bailarina que acaba de huir de Tongatapu y me ha visitado en la playa del
Pris, donde me encuentro veraneando en una pequeña choza de madera junto al
mar. Ella se llama Tata-Hari, es muy bella y quiere conocer a José Duna. Por
cierto que habría que comenzar por localizar a nuestro estimado poeta, sin el
cual “Inlunación” no sería viable.
Ya yo he empezado a pensar en comenzar a
maquinar “Inlunación”, pero también espero noticias de ustedes. Noticias... e
ideas.
Posdata. ¿O quizás fuera más eficaz
reactivar “Insolación”? ¿Qué piensan ustedes que haría más daño a este viejo
truhán?
Querido amigo Llampallas,
He recibido su correo con los matasellos de
79 países distintos. Se ve que al cartero le ha costado localizar mi última
dirección postal.
Ahora resido en la Cueva de los Verdes. Me
alimento exclusivamente de algas y de cangrejos ciegos. Por las noches salgo a
remolque del último de los murciélagos y surfeo las mejores olas de la Santa
sin tener que disputárselas a nadie; la única que no duerme nunca es nuestra amiga
Selene.
Me he embrutecido. Ya ni recuerdo cuándo fue
la última vez que una idea se posó en las ramas de mis neuronas. Por las
noches, sobre todo cuando está despejado, me oprime la congoja de que mi
cerebro ha sido adoptado por la luna.
Nuestra madre esperaba desde hace tiempo su
oportunidad, que ahora usted le ha brindado con la propuesta brillante de una
Inlunación. La risa solar de Insolación tuvo su momento; incluso la de su
gemela Penumbra, generada a partir de su proyección sobre los obstáculos del
mundo.
En cuanto a Bertholoff, creo que solo tiene
por amigo al dios del dinero; al cual, mire usted por dónde, lo conocen por el
nombre bíblico de Mammón. A la vista está que su colaboración con Insolación
estaba fundada en su previsión del éxito actual. Sin embargo, lo que no se le
puede negar es el largo alcance de su visión para los negocios.
Es por esto que debemos arrebatarle la
iniciativa en el proyecto de Inlunación, pujar para hacer nuestra su
inversión y expulsarlo del consejo de administración que haya podido fundar.
Armando Azar.
Algunos
días después, los señores Armando Azar y Juan Llampallas nos han rogado
publiquemos estas dos cartas que han recibido:
Estimado amigo Armando Azar,
Espero que al recibo de esta se encuentren
bien usted y sus amigas. Por la presente le comunico que las ediciones
Bertholoff van a lanzar una nueva revista de nombre Inlunación, y que
contamos con su ágil pluma para que la dirija. Descartamos de todo punto a
nuestro antiguo socio Juan Llampallas, dado que está ilocalizable en algún
punto de Asia Mayor; además –quede entre nosotros–, creo que sería una rémora,
actualmente, para una revista tan audaz como esta. En cambio contaríamos de
nuevo con el poeta José Duna, antes de que le den el premio Nobel y se vuelva
intratable. Hay nuevas adquisiciones para Inlunación, en especial una
jueza o notaria del Sur de Tenerife y una pintora de pajaritas de papel que
podrían traer una vaharada de aire fresco a nuestra ya añeja aventura. Hay
también una serie de jóvenes escritoras como Luna Monroe, Luna Tierney, Luna
Brooks, Luna West, Luna Gardner, Luna O’Hara, Luna Lupino, Luna Novak y Luna
Margrett; casi todas escriben versos, por lo que serán serias competidoras de
José Duna, pero nunca antes se habrá visto tal constelación de mujeres. Otra
colaboración confirmada es la de don Sol Azar, alegado nieto suyo.
Le saluda con los mejores deseos y auspicios,
su viejo amigo Bertholoff F. J. La Menthe, Isla de Tongatapu, verano de 2018.
Estimado amigo Juan Llampallas,
Espero que al recibo de esta se encuentren
bien usted y su señora. Por la presente le comunico que las ediciones
Bertholoff van a lanzar una nueva revista de nombre “Inlunación”, y que
contamos con su ágil pluma para que la dirija. Descartamos de todo punto a
nuestro antiguo socio Armando Azar, dado que está ilocalizable en algún punto
surfista de Sri Lanka; además –quede entre nosotros–, creo que sería una rémora,
actualmente, para una revista tan audaz como esta. En cambio contaríamos de
nuevo con el poeta José Duna, antes de que le den el premio Nobel y se vuelva
intratable. Hay nuevas adquisiciones para “Inlunación”, en especial una jueza o
notaria del Sur de Tenerife y una pintora de pajaritas de papel que podrían
traer una vaharada de aire fresco a nuestra ya añeja aventura. Pero también una
serie de jóvenes escritoras como Luna Monroe, Luna Tierney, Luna Brooks, Luna
West, Luna Gardner, Luna O’Hara, Luna Lupino, Luna Novak y Luna Margrett; casi
todas escriben versos, por lo que serán serias competidoras de José Duna, pero
nunca antes se habrá visto tal constelación de mujeres. Otra colaboración
confirmada es la de don Sol Azar, alegado nieto del señor Armando.
Le saluda con los mejores deseos y
auspicios, su viejo amigo Bertholoff F. J. La Menthe, Isla de Tongatapu, verano
de 2018.
Pero la
tormenta epistolar no ha acabado ahí, interviniendo ahora un inesperado
personaje que afirma ser el Dr. Gary:
Estimado Sr. Llampallas,
Espero que, al recibo de la presente, la
intriga por saber quién le escribe sea más intensa que el deseo de estrujar la
nota de un extraño que se ha atrevido a molestarlo. Le escribo guiado por una
intuición. He encontrado sus señas entre las pertenencias de uno de mis
pacientes. Uno de los varios miles que ha ingresado en mi sanatorio durante los
últimos siete días. Mi nombre es Kari, aunque todos me conocen por Dr. Gary.
Desde las 18 horas del lunes no ha parado de
aumentar el número de internos. Nos los trae la policía después de descolgarlos
de cualquier parte, torres de alta tensión, grúas, farolas, árboles, pequeños
setos. Según se va leyendo en cada informe, todos decían la misma razón:
“Armando Azar soy yo, director de Insolación”. Sin embargo, una vez traspasado
el umbral de nuestra institución, apenas muestran signos de vida; de vida
nocturna, ululando débilmente, y eso al paso de la luna.
Al tercer día, cambiando a uno de los
internos para vestirlo con nuestro más adecuado atuendo, se le desprendió de su
regazo donde lo llevaba oculto un ejemplar de la 2ª edición del Almanaque
Insolación distribuido en las librerías, según aceptó revelarme, al comienzo de
esta semana. Esa misma mañana mi secretaria, mientras me devolvía el tostado
tomo eficientemente subrayado, me informaba de que Vd. era director de esa
publicación; pero que no le quedaba claro si el nombrado Armando Azar lo era
también. Confieso que tampoco las tengo todas conmigo.
No se me ocurre otro nombre que epidemia
para esta situación que se ha desatado. Ya el primer día tuvimos que doblar el
número de camas de cada habitación. Al día siguiente llamamos de urgencia a la
empresa El Boom de los muebles para que nos cambiaran las camas por literas.
Últimamente, nuestros celadores han empezado a coser tiras de velcro debajo de
cada somier con el fin de dar cobijo a los nuevos internos en unos pijamas
adaptados.
Sin ánimo de resultar ofensivo, tengo que
decirle que no alcanzo a entender, a pesar de mi vasta experiencia, qué han
visto todos estos pobres diablos en esa gacetilla que Vd. dirigía. Podría
deducir que el anuncio de la desaparición de su Insolación haya despertado en
la imaginación de sus lectores el fantasma de la indigencia. A ello, habría que
unir el total desconocimiento del paradero del señor Azar, lo cual les habría
abierto las puertas a la suplantación proyectiva.
Mucho me temo que los cimientos de este
venerable edificio no resistan mucho tiempo. Entiendo que eso a Vd. pueda
importarle un comino. No obstante, sí pienso que le pueda interesar el destino
de estos futuros lectores de su nuevo proyecto editorial Inlunación. Por esto,
a riesgo de resultar entrometido, le suplico a Vd. que haga algo.
Queda a la espera de una respuesta quien es
ahora su amigo,
Kari Gary.
Estimado Dr. Chari,
Me he quedado sorprendido por todo lo que me
cuenta, a pesar de que a mi edad ya solo me sorprendo media docena de veces al
día. Dejo pasar, porque si no no le contesto, lo de “gacetilla” para calificar
a nuestro Almanaque, cuyo éxito fulminante incluso ha merecido honores de
primera plana en el New York Timos (lo que provocó las iras del nuevo führer
americano). Como sé que los médicos y doctores en general son unos grandes
ignorantes, entiendo su confusión.
Solo que yo en la cuestión que nos compete
compito en ignorancia con ustedes. Quizás toda esta historia, aprovechando la
“ausencia” de don Armando Azar (y también la mía), ha sido maquiavélicamente
urdida por el editor Bertholoff, quien intenta combatir su irreversible
senilidad con todo tipo de pirotecnias. Tengo entendido, y sus palabras casi me
lo corroboran, que, sin contar con nosotros, ha lanzado una segunda edición del
Almanaque donde da por fenecida la era insolada y anuncia a bombo y platillo
una futura era inlunada. Es la primera vez que don Bertholoff, quien siempre
(todo hay que decirlo) fue un amigo, se arroga este tipo de poderes, lo que me
hace por otra parte sospechar, para su beneficio de la duda, si no se ocultarán
por detrás de sus bambalinas ajenas maquinaciones. Pero ¿de quién? Le ruego al
respecto intente pesquisar en la isla de Gran Canaria lo que está ocurriendo en
torno al insolado Alfredo Azofra, cuyos delirios de grandeza se han desquiciado
a raíz de su intervención en un cortometraje que ha disfrutado de una
desproporcionada difusión en todos los canales de la red. En un gesto desleal
hacia nosotros, Azofra tuvo la audacia de convertirse en estrella única de
dicho filme, cuya visión le aconsejo porque el estudio de tan prodigioso
documento, adecuadamente contextualizado, podría darle fama a usted: nunca
antes se habrá encontrado con un “caso” así.
Dudo, con todo, logre encontrar a don
Alfredo, ya que viaja mucho por el orbe entero en pos de mujeres maravillosas.
Pero investigue en los bares y cafés de su vecindario, por la zona del barrio
del Camino Nuevo, ciudad de Las Palmas, más o menos donde arranca la calle de
La Pelota (la cual sin duda está en el alero).
Sobre sus pacientes, que ya se sentirán ahí
como en un gueto, le recomiendo les enseñe a recitar el poema de José Duna
sobre el hombre lobo, ya que podrá actuar sobre ellos como un electro-shock.
También puede contarles la mentira piadosa de que Armando Azar está preparando
en la Isla del Tesoro el número 0 de Insolación, con 35 años de retraso. Y
llega de cháchara. Si no estrujé su nota al acabar de leerla, lo hago ahora,
una vez se la he contestado.
Le saluda atentamente,
Juan Llampallas
Estimado Sr. Ll.,
Lamento verme obligado a comunicarle que el
familiar que Vd. dejó a nuestro cuidado (si bien sin inscribir) ha huido. He
cursado la orden de revolver cualquier rincón, incluso allí donde se pudiera
esconder una musaraña; no obstante, sin resultados. Por ello es por lo
que, en contra de las firmes disposiciones que Vd. dejó estipuladas, me he
atrevido a ponerme en contacto con Vd., porque no se me ocurre nadie más que
Vd. que pueda tener la suerte de localizarlo y traerlo de vuelta.
Es ahora cuando cobra sentido
el incremento de sus rarezas (sobre todo en horas a las que habría
debido estar durmiendo) anotadas por los celadores en los libros de sala
durante el último mes. Con toda probabilidad, a escondidas, estaría dejando de
tomar su medicación.
No hemos llegado a figurarnos por qué arte
de birlibirloque pudo haberlo logrado; a nuestras enfermeras cualificadas no se
las engaña fácilmente. No se dejan convencer por el habitual mohín de haber
sido tragadas, junto con un vaso de agua El Pinalito; les gusta comprobar que
no queda rastro de las píldoras.
Por mi cuenta, he conseguido que algunos
internos (sondeados en mi gabinete) me confiaran que, después de la siesta, se
pasaba las tardes murmurando que unas voces le habían comunicado la
resurrección de no sé qué o de no sé quién.
Solo nos resta suspirar por un veloz
reencuentro; pero nos asalta la duda de qué hacer con las píldoras de
Haloperidol acumuladas por ausencia del beneficiario. ¿Las embalamos como ayuda
humanitaria?
Quedamos a la espera de las indicaciones de
Vd. que determinen qué hacer.
Atentamente, Dr. Cari Gary, Director del
Establecimiento de Reposo Susana.
Por último, uno de los famosos editores Pinzones, a
quienes cupo la gloria en el siglo pasado de imprimir las publicaciones
insoladas, ha escrito a sus viejos clientes esta curiosa epístola:
Faltando a mi inveterada costumbre de no
leer nada de lo que cae en mis manos, me picó la curiosidad la semejanza del
título de una publicación que recientemente me han encargado con el de Insolación,
aquella revista que Vds. dirigían y por la que el nombre de mi imprenta comenzó
a aparecer en boca de todo el mundo. Se llama Inlunación. Bertholoff F. J.
La Menthe se llama quien me ha hecho el encargo.
No les guardo rencor, a pesar de los hechos
del pasado; es por eso que les escribo para advertirles de la fullería de ese
señor. Lo único cierto que puede leerse en los textos que me ha enviado para la
impresión es que en el futuro las mareas no subirán por el cambio climático
sino por el acercamiento de la luna a la tierra con el advenimiento de Inlunación.
El resto son todo marrullerías y embaucamientos, empezando por su propio nombre.
Evitaré por todos los medios que Junior trabaje en este proyecto.
Atentamente, Hno. Pinzón Senior.
Estimado Sr. Bertholoff,
ResponderEliminarMe siento muy honrada por su convite a colaborar en su famosa revista “Insolación” (ahora “Inlunación”). Soy una fiel lectora de Armando Azar y de José Duna, dos poetas que aman a las mujeres como las amaba mi amigo Bertrand Morane. Me considero un espíritu o cuerpo insolado o inlunado y estoy decidida a aportar nuevas energías a esta magnífica aventura que está usted dispuesto a auspiciar, con su proverbial generosidad.
Le adjunto unos fragmentos de mi novela “Los designios del Azar son insondables” y un millar y medio de poemas en verso largo. Disponga de ellos a su voluntad.
Salúdalo,
Luna Lupino (Buenos Aires).
Les escribo desde el sur de mi isla. Creo que deberían hablar con el Sr. Bertholoff para que se modere en sus ensayos del apagón solar, pues me consta el descontento, casi generalizado, por la gruesa carpa de nubes que ha colocado sobre nuestras cabezas.
ResponderEliminarTahniah kepada yang Insolasi Hotel Hebat untuk udara segar ini yang telah membawa rangkaian mabuk.
ResponderEliminarComo amamos lo exótico, no podemos solicitar de nuestros lectores en otras lenguas que pasen el traductor de google por sus comentarios, pero en este caso es que ni sabíamos en qué lengua venía esto. Hecha la diligencia por nosotros, descubrimos que está escrito en malayo y dice lo siguiente: “Felicitaciones al Gran Hotel Insolación por esta vaharada de aire fresco que ha traído a la intoxicada red”.
ResponderEliminarA nuestra vez, les agradecemos a nuestros amigos malayos su gentileza.
Este y otros muchos mensajes que estamos recibiendo corroboran cómo, en pocas semanas, GHI ha pasado a ocupar uno de los primeros puestos en el ranking mundial de lectores de google, como sus propios administradores revelaron el pasado lunes.
A propósito de Don Bertholoff, debo informarles que llevo observando, desde hace ya un tiempo, cierta actividad sobre la montaña Guaza. Al caer la noche, a la misma hora siempre, se enciende un farol rojo, como de laboratorio o cuarto oscuro. Las conclusiones no me corresponde a mí sacarlas. Saludos desde la ciudad de Calima.
ResponderEliminarAgradezco al Sr. Bertholoff su generosidad al contar conmigo para la era lunática que se acerca. No desdeño la idea de planear un viaje a Tongatapu, ahora que Binter ha establecido vuelos directos con la isla y visitar el Arca salvadora, aunque lo mismo somos cañoneados y abatidos, y con razón, porque imagino que la accesibilidad a la isla no sea para nada de su agrado. Háganle llegar mis más congratulados y expectantes saludos.
ResponderEliminarEl Dr. Gary se está buscando que le partan las piernas.
ResponderEliminarDesde Cerro Tololo llegan excelentes noticias para los amigos inlunados, y es que no paran de descubrir nuevos satélites. El último, Valetudo, pequeña y rebelde luna de Júpiter que orbita en sentido contrario al resto, en alegre riesgo de colisión con sus congéneres.
ResponderEliminarSe hace evidente que el proyecto “Inlunación” traspasa las fronteras planetarias y parece que todo nuestro sistema lunar se congratula por ello dejando ver, a los boquiabiertos astrónomos, los millones de lunas que penden sobre nosotros.