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| El editor de Gran Hotel Insolación |
Nuestros amigos Perry, Della y Paul ya han vuelto a LA, una vez resuelto el embrollo de la misteriosa edición de nuestro libro. No han tenido caso más placentero ni mejor remunerado, y con el añadido de no haber siquiera llegado al juicio de rigor.
Los disparos en el rabo de Mi Mula pusieron sobre aviso a Paul Drake, quien acabó por descubrir una imprenta en las cuadras del Dr. Hackenbush, junto a más de diez mil ejemplares escondidos bajo la paja y dentro de la caravana de RR. El Doctor reconoció en seguida su culpabilidad: "Lo hice por amor, para darle un regalo sorpresa a Marilyn en el día de nuestro cumpleaños". Lo ayudó en tan bella como burda mistificación la huésped del cuarto 11, íntima amiga de nuestra Gerente.
Las ganancias editoriales, según Hackenbush, se dedicarán a la mejora de las cuadras, hoy un tanto decaídas. Pero Lady Hackenbush tiene la última palabra.
Quien no está muy contento es José Duna, ya que Hackenbush fue también quien, con el envío del ejemplar remitido con sus iniciales, desvió las sospechas hacia el irritable poeta. Qué ingenuidad la de intentar engañar al mejor abogado criminalista del mundo.
Se ha intentado que nuestro amigos Perry, Della y Paul permanezcan en GHI para descifrar quién diantres disparó las dos balas, pero el trabajo los llama y consideran que cualquiera de los excelentes detectives de GHI está capacitado para resolver el pequeño enigma.
Bien está lo que bien acaba, como decía Sir William Shakespeare.
| Della y Perry celebrando su nuevo éxito, en el bar de GHI |

Me consta que la Gerente se derritió de amor.
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