“¡Mi libro, mi libro, esos piratas me han robado mi libro!”, repetía en medio de una gran expectación mientras una cuadrilla de camilleros se lo llevaba a última hora de la tarde de ayer en dirección al Establecimiento de Reposo Susana.
Desde media mañana, un creciente número de curiosos se había ido arremolinando por todo el amplio vestíbulo de GHI. No era para menos: un canento huésped completamente desnudo estaba destrozando la decoración al tiempo que gritaba frases sin sentido aparente. A mediodía, la gente era ya tanta, que apenas quedaba espacio para escapar de las alocadas evoluciones de aquel hombre. Por fin, los recepcionistas, consiguiendo sobreponerse a la prolongada perplejidad inicial y viendo que nadie encontraba la manera de aplacarlo, decidieron llamar a los ESGHI para que lo redujeran y evitaran que nadie de la concurrencia resultara herido.
No lo tuvieron fácil para sujetarlo; pero pudieron palpar, una vez logrado, cómo la asombrosa energía que aquel demente desplegaba descolgando cortinajes, rasgando a tiras el papel pintado o desplumando los sofás de Le Corbusier comenzaba a canalizarse hacia la adquisición de sentido de las frases inconexas de la mañana; lo cual resultó en un discurso coherente, aunque disparatado.
Interpretando lo que oían, los ESGHI creyeron primero que unos desaprensivos se habían ensañado de madrugada con varias pilas de carpetas, que el detenido guardaba en su habitación de GHI, descuadernándolas todas excepto la que contenía su último libro listo para impresión; luego, que no, que una banda de hackers, aprovechando que estaba dormido, había descargado el libro de su ordenador portátil y había borrado todo rastro del archivo original. Sin embargo, cuando empezaron a mirarse entre sí para confirmar que todos estaban oyéndolo asegurar que un enjambre de IA había penetrado en sus sueños por una rendija onírica; que, luego, las IA desprendieron, robaron y eliminaron de su propia memoria neuronal la crónica que había redactado sobre su último viaje a las Minas del Rey Salomón; en realidad, una epopeya en endecasílabos de rima acentual con la que se iba a consagrar como poeta; entonces, supieron que algo no iba bien.
De pronto, una espontánea dijo que había visto a Don Cari Gary retostándose en el solárium de GHI y una recepcionista corrió a buscar al experto psiquiatra a quien apenas dejó que se cubriera con un albornoz antes de traerlo de la mano. Nada tardó el Dr. Gary en reconocer a uno de sus pacientes en aquel desmelenado con la mirada perdida.
“Don José, Don José, ¿qué le han hecho?”, preguntó sabiendo que cualquiera de los presentes le respondería. “Este hombre pretende que creamos que una IA, aprovechando que estaba soñando, descargó anoche de su memoria un libro que tenía acabado”, le respondió el jefe de los ESGHI. “¿De su ordenador personal?” “¡No, no, de su memoria, de su mente, del interior de su cabeza; es decir, de los recuerdos que estaban en su propio cerebro!” “Bueno, bueno… Llamen inmediatamente una ambulancia. Pero que no cunda el pánico. Que sepa todo el mundo que voy a prescribirle solamente descanso, durante una temporadita, en mi Establecimiento de Reposo Susana. Les puedo asegurar que pronto volveremos a ver totalmente repuesto al famoso poeta Don José Duna."

Esperemos que José Duna se restablezca pronto, para que nos cuente su viaje a las minas del rey Salomón. La foto de encabezamiento me hace soñar, y no entiendo por qué GHI no ha incluido ese sitio entre los destinos de sus viajes alrededor del mundo y de los mundos. Lamento, por otra parte, que no se diga si Hackenbush le ha birlado o no la famosa Puerta.
ResponderEliminarHe oído decir que la rima acentual es una traducción al lenguaje de la poesía del ritmo infernal de de los tambores africanos. Tal vez el Dr. Gary debería tener esto en cuenta, si pretende traer de vuelta a Mr. Duna.
ResponderEliminarPues si vaciar una cabeza que está llena de pájaros es una tarea casi imposible, ¡cómo será cuando está llena de tambores! No lo va a tener fácil el Dr. Gary.
ResponderEliminarHola. Les escribo desde el Otro Mundo, para felicitar a José Duna por su poesía. Si se pudiese definir en una frase el sitio que ocupa José Duna en la poesía moderna de nuestro idioma, yo diría que es el poeta que habla no para todos, sino para el cada uno que somos todos. Y nos hiere en el centro de ese cada uno que somos, en la verdad de nosotros mismos. Y me voy, porque me llama por el móvil Pablo Neruda, mi hermano en Poesía.
ResponderEliminarYo, aquí en el Otro Mundo, no soy muy de la poesía de José Duna, porque no es un arma cargada de futuro, sino solo de presente y de pasado. Y me voy, que me llama por teléfono Pablo Neruda.
EliminarJosé Duna tendrá todos los defectos que se quiera, pero nunca ha sido un hombre mentiroso. Que le han robado su libro es indudable, pero yo pregunto: ¿no será una treta de Hackenbush para disparatarlo y hacerse con su Puerta salomónica, como ya consiguió con la caravana RR?
ResponderEliminarCapaz, capaz. Hackenbush está al día en todos los avatares de las IA, asesorado por la mula Francis y el hijo rockero de Armando Azar.
EliminarYo diría que más que al día en IA. Cualquiera que se acerque a la cuadras de GHI habrá oído decir a la mula Francis que Hackenbush ha construido un robot que escribe poesía nunca imaginada. Según las malas lenguas, lleva un tiempo obsesionado con la idea de que Lady Hackenbush olvide que la poesía de José Duna existe.
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